18 Dec 2014

Homenaje a Dos Lobos del Aire

Con la fragilidad que dan los años, pero el amor aún vivo por la Fuerza Aérea Colombiana los señores Suboficiales Hernán Ramírez Peña y Lucio Arnulfo Erazo Zambrano, recuerdan esos años maravillosos de la Institución, cuando ver un avión surcar los cielos de Colombia era un espectáculo sin igual y ser piloto una hazaña, privilegio de muy pocos.
Estos señores Técnicos Jefes de la Fuerza Aérea viven en Bogotá y aunque no son compañeros de curso los une el hecho de ser los Suboficiales con vida más antiguos de la Fuerza, por ello la Institución a través de la Revista Aeronáutica les rinde un homenaje y destaca el legado histórico que dejaron a las generaciones que los sucedieron, dando testimonio del cumplimiento de su misión.

A la Base Aérea de Palanquero llegaron estos lobos del aire. Hernán Ramírez ingresó en 1938, con tan sólo 18 años para trabajar como civil, dos años después, prestó el servicio militar y en 1944, regresó a la Base como integrante del Curso No. 9 de Suboficiales Técnicos.

En algunos momentos en que la mente del Jefe Ramírez tiene mayor claridad recuerda que su especialidad fue logística, es decir de abastecimientos. En esa época los Suboficiales eran considerados combatientes, manejaban la tropa, la parte administrativa como seguridad y defensa de bases, además habían Suboficiales técnicos de aviones y abastecimientos, en ese entonces eran dos especialidades diferentes.

Quizá uno de los sucesos que le hacen revivir los intensos días de su vida militar fue la toma de la Base Aérea de Palanquero por parte de un grupo de bandoleros. “En esa noche estuve en el hangar los aviones T6 que se encontraban allí tuvieron que decolar. Mi armamento era una carabina punto 22, que tenía en la Garita Uno, justamente la que quedaba debajo del puente, allí era la guardia. Fue una situación difícil, algunos heridos quedaron en el río Magdalena”.

De ese inolvidable suceso poco registro hay, solamente lo que cuenta la tradición oral, historias que demuestran el difícil momento por el que pasó la Fuerza Aérea. “En la nochevieja (31 de diciembre) de 1952, se presentó un asalto a la Base Aérea de Palanquero cerca a La Dorada, en Puerto Salgar, al otro lado del río Magdalena. Mi papá había bebido un poco durante la celebración. En la noche se es cuchaba el tiroteo desde La Dorada y casi al amanecer llegaron unos militares de la Base a que ayudara a tratar los heridos y hacer el levantamiento de los muertos que produjo el ataque. De lo que contaba mi papá se destacaban varias cosas como el hecho que el supuesto comandante del ataque era un personaje foráneo que murió en la refriega, perfectamente afeitado, blanco, de botas y muy bien vestido; diferente a todos los demás. También contaba del hombre que murió de un balazo en el pecho y que tenía la caja torácica completamente destrozada pero su corazón seguía palpitando. Que el salvador de la Base fue un cabo que se encontraba de licencia y después de tomarse unos tragos se dirigió a la Base y se echó a dormir cerca de la casamata, el depósito donde almacenaban el armamento. Lo despertó la balacera y, en calzoncillos y medio borracho, tomó una de las ametralladoras del polvorín y se encarnizó dando bala a todo el que se aparecía…”1

De sus vivencias en 34 años de servicio, el Jefe Ramírez añora el compañerismo y trabajo en equipo del tiempo que permaneció en la Base de Palanquero, el Comando Aéreo de Mantenimiento en Madrid, Cundinamarca, y la Base de Tres Esquinas, Caquetá. Durante diez años de carrera militar se desempeñó como Secretario de la Misión Americana y el último cargo fue la Comisión en la Agencia de Compras de la Fuerza en Miami.

En imágenes un poco difusas el Jefe Ramírez a sus 91 años recuerda el orgullo que sintió por haber contribuido en la defensa de la Base, negando a los violentos cumplir con sus objetivos, y fue ese mismo sentimiento de aquella época, lo que llevó al Comando de la Fuerza Aérea a otorgarle la condecoración Águila de Gules, en ceremonia militar del 20 de agosto de 2010, en conmemoración del Día de las Reservas de Primera Clase de las Fuerzas Militares y del Personal Uniformado de la Policía Nacional. Una forma de enaltecer el ejemplo de quienes pertenecieron a esas Instituciones. Este reconocimiento reafirma en su esposa Beatriz, sus siete hijos, 15 nietos y cuatro bisnietos, la imagen que tienen del Jefe Ramírez un hombre que defendió con honor a su Fuerza, ama profundamente su Patria, la vida militar y la aviación.

Un amor y compromiso que nunca se separa de la vida de quienes hicieron parte de la Fuerza Aérea, así lo refleja el Técnico Jefe Lucio Erazo. Un abuelito que se emociona narrando cómo se entusiasmó por la aviación y cómo aún se maravilla al escuchar los motores de los aviones que en sus rutas diarias pasan sobre su casa.

“Un día de 1936, cuando estudiaba Economía en la Universidad de Nariño, tenía 18 años y estaba con cinco compañeros y vimos por primer una re vista aérea, algo inolvidable y que nos entusiasmó tanto que le dijimos a nuestros padres que nos iríamos a estudiar pilotaje a Bogotá, así que viajamos por carretera, imagínense en esa época como era. Llegamos a la dirección general y de allí nos indicaron que debíamos ir a la Base Aérea de Madrid, pero la sorpresa cuando nos recibió el Capitán Torrijos, claro pensó estos pastusitos son buenos para mecánicos de aviación no para pilotos. Poco conformes decidimos que darnos, pues eso era mejor que regresar a Pasto como fracasados”. Así inició la hermosa vida de este lobo del aire que conoció muy bien esas poderosas máquinas y realizó una importante labor para que pudieran cumplir sus misiones en todo el país.

A sus 94 años el Jefe Erazo, no ha perdido la picardía por la que fue reconocido en la Fuerza Aérea, y que ahora se refleja en la forma en que narra su vida, transportando a quienes lo escuchan a una época sin duda muy especial. “Durante tres años estudie en la Escuela de Madrid, como integrante del Curso No. 6, habían jóvenes de diferentes nacionalidades, éramos técnicos diferentes a los Suboficiales de tierra, teníamos consideraciones especiales, hasta que un día decidieron que debíamos pertenecer también a la tropa, ser Suboficiales Técnicos. Nos asignaron a diferentes partes del país. Mi destino fue Buenaventura, allí veía como maravillosamente los aviones acuatizaban y yo era técnico de los PT15 y PT ­16. Me fue bien, luego me mandaron a un curso en Panamá durante seis meses.”

Durante esos años estando en la Base Aérea de Palanquero, conoció a Fanny Serrato, con quien compartió 70 años de matrimonio y tuvo siete hijos, seis varones y una niña, quien lo acompaña, más ahora que falta Fanny y a quien con mucha melancolía el Jefe recuerda. Ahora su mayor alegría es ver reunida a su familia que además la integran 16 nietos y 11 bisnietos.

Fueron 35 años de servicio que han dejado muchas anécdotas en la mente del Jefe Erazo, algunas que le arrancan una sonrisa entre ellas la forma en que lo molestaban los de la capital por ser de Pasto, recordar cómo conquistó a su esposa y las celebraciones en que participaba. Sin embargo, otras le hacen estremecer el corazón porque marcaron su vida como el accidente del 22 de diciembre de 1945, del que se salvo, pero en el que falleció uno de sus grandes amigos el Capitán Bernardo Sarasti, quien poco después de dejarlo en la Base de Palanquero se accidentó en su avión cayó al Magdalena y murió ahogado. También hace parte de estas remembranzas el incidente con una pieza de un avión que al zafarse de un torno le pegó en el ojo derecho dejándolo sin visión.

“Luego de retirarme, con unos compañeros también retirados montamos una empresa de reparación de partes de aviones, no pude abandonar a las poderosas aeronaves, nos llamaban los “Fantásticos”. De ese estilo de vida se siente muy orgulloso el Técnico Jefe Erazo, quien con una voz suave y recia a la vez, reconoce que “cuando nos dijeron que fuéramos a hacer el curso para Oficiales a Cali yo no quise, ya era Técnico”.

El orgullo y satisfacción de pertenecer a su Fuerza Aérea Colombiana y haber podido contribuir con su trabajo a que esas máquinas voladoras realizaran tantas misiones lo impulsaron a no querer cambiar los rumbos de su vida, ahora gracias a ello es un feliz Técnico de Aviación en uso de buen retiro.

1. Disponible en http://amaliaarrubla.blogspot.com/2006/09/el-ataque-la-base-de-palanquer... Publicado por Mauricio Duque Arrubla [2006, 6 de septiembre 11:03 am] Recuperado el 14 de octubre de 2011.